alto

el jueves 2/03 subimos  acompañados de juan arbona, amigo e investigador de la complejidad social y urbana de “el  alto”.  recorrimos esta ciudad que, en menos de 40 años creció de la nada, para convertirse en lo que es hoy: la ciudad aymara más grande del mundo, con una población cercana al millón de habitantes,  localizada en el altiplano boliviano, a más de 4.100 msnm.

llegamos en la línea roja del teleférico, la que abordamos en la antigua estación del tren, bello edificio de principios del SXX, rehabilitado para este fin. cruzamos por encima del viejo cementerio general de la ciudad, que desde el aire se expresa como una mini -ciudad de calles y avenidas, de mansiones y condominios, de parques y jardines donde descansan “en santa paz”, los restos de varias generaciones de bolivianos y bolivianas, de paceños y paceñas, de  héroes y heroínas en tumbas ilustres y de ciudadanos/as comunes en modestos nichos adornados con los “gustitos” del difunto: los cigarrillos, la bebida y la comida, que disfrutaban en vida y que deberán acompañar al  fallecido en su “otra vida”, para ser feliz o simplemente para estar tranquilos, porque esa es la creencia popular en el sincretismo cultural y religioso andino. luego, continuando con nuestro  recorrido aéreo,  vino el ascenso por sobre las casas de ladrillo visto, escalinatas y callejuelas de barrios de empinadas laderas, llenos de construcciones con viviendas, negocios o talleres, todas recientemente “challadas” luego del carnaval, con globos, guirnaldas, mistura, confites, un poco de alcohol brindado primero a la “pachamama”  -el primer chorrito al piso- y el resto para humedecer las ideas de los mortales; todo esto con cohetillos, para alborotar los ánimos y a las ánimas,  como corresponde…..

llegados a “el alto”, descendimos en la estación 16 de julio –corazón de la gran feria que se realiza todos los días jueves y domingos- e iniciamos el recorrido por  una de las ferias más importantes de américa latina, que ocupa kilómetros de vías y cientos de hectáreas. esa es la dimensión real de este gran mercado urbano, en el que podemos encontrar desde un pedazo de cartón o ropa usada, hasta vehículos y tractores.

afortunadamente nos hizo un día un poco nublado –lo cual favoreció nuestra caminata- en el que recorrimos la feria calle por calle la calle. primero la de las ferreterías y materiales de construcción, donde se ofertan puertas y ventanas a la medida o caños para el agua o los desagües; muy cerca está  la calle de los baños y sanitarios, con las baldosas decorativas más expresivas del barroco-andino; luego visitamos la calle de la ropa usada, para desembocar en la de las polleras y de las joyas de cholita, donde sorprendimos constatamos una oferta de vestidos, mantas, sombreros, medias zapatos, ajuares, etc. en una gama de precios y tendencias que sin duda nos hablan de la importancia y magnitud étnica de la presencia aymara.

luego visitamos la calle de los materiales reciclados: papel, cartón, madera, vidrio o venesta, donde nada sobra o se desperdicia en el mundo de la austeridad; visitamos la calle  de las verduras, la de los animales y de las mascotas, la de las comidas, para finalmente culminar nuestro recorrido en la calle de los “yatiris y shamanes” –con “limpias” en plena calle-; en la que obviamente quedamos alucinados con las pócimas, ungüentos y hierbas para curar todos los males. en fin, las calles de lo inimaginable, de lo que necesitas, de lo que buscas y no lo encuentras, de lo que sigues y no consigues, de lo que deseas, de lo que anhelas, de lo útil……y  para escoger!

a cada paso que dábamos, la ciudad olía diverso, sonaba diverso, con voces que anunciaban los productos y sus virtudes o de cantantes en vivo interpretando sus propias composiciones. todo un mundo que se mostraba intensamente diverso. sin duda, esta gama de cambiantes sensaciones tenía más sentido porque estábamos en el corazón de la ciudad emergente, inacabada, productiva y proactiva. en ella nadie se paraliza, nadie se deprime. todos/as se han involucrado o trabajan en su mini-taller, en su mini-negocio, en su mini-comercio, en su mini-restaurante, en su mini-bus, en su mini puesto callejero, en su mini espacio ritual, en su inmenso mundo lleno de mini emprendimientos y de sueños, mundo del cual también es parte el de “las alasitas y el ekeko” que reducen mágicamente el mundo real con sus miles de  mini-objetos, al de las miniaturas, quizá en la escala que nos corresponde como seres humanos….

cuando por primera vez conocí “el alto”, hace ya 47 años,  las pocas casas que existían eran de tierra, de adobe y de máximo dos pisos. ahora casi todas son de ladrillo industrial color rojizo y alcanzan cuatro, cinco, seis y más pisos.  me atrevo a decir que ahora “el alto” es como una ciudad en permanente construcción, es una ciudad en permanente producción, con la mayoría de sus edificaciones inacabadas, esperando el siguiente piso, el siguiente taller, fábrica o vivienda, es una especie de “ciudad  de la esperanza”, o el espacio en el que se realizan los sueños de miles de familias aymaras. por su vorágine productiva, se asemeja a las medinas de Marruecos, porque igual a cada paso que das suenan, huelen y  expresan su incesante  labor artesanal, pero con la diferencia de que fez o marrakesh tienen  cerca de dos mil años de historia y “el alto” solo cuarenta…..

también es importante analizar sus particulares formas de uso y ocupación del territorio. “el alto” crece en forma de una “ye”, con sus dos brazos abiertos dejando  al medio el vacío del aeropuerto; y, en cada inmenso brazo se observan los grandes ejes viales que definen la traza de la ciudad. los lotes son tipo “chorizo”, en los que domina la profundidad respecto del frente. en planta baja y hacia la calle se localiza la tienda, el comercio o el salón de eventos que deja un callejón lateral de acceso a un patio –generalmente ocupado por actividades productivas que se venden en el local que da hacia la calle-; y, al fondo, la precaria vivienda de la familia que luego será vaciada y trasladada al edificio frontal, conforme prosperan las finanzas y la economía familiar. La prosperidad económica y social se expresa nítidamente ya que la familia va subiendo –literalmente- de nivel, hasta ubicarse encima del edificio, como remate y con forma de “chalet”, tipología que origina el denominativo de “cholets” en una conjugación del mestizaje cultural en el cual, ser “chola” o “cholo” está socialmente reconocido como ser mestizo, pero con fuerte ascendiente indio.

la emergencia y viralización de este urbanismo y arquitectura aymaras, sólo se explica al interior del actual proceso socio político boliviano en el cual, por primera vez, luego de más de quinientos años, los indígenas -población mayoritaria de este país-, llegan al gobierno y al poder y además: lo ejercen, provocando no solo el empoderamiento, la visibilización y dignificación de estos pueblos, sino el potenciamiento de un nuevo tipo de economía inclusiva y viral, en la cual la mayoría participa, produce, genera ingresos y excedentes, con indicadores envidiables en el contexto latinoamericano. el urbanismo y la arquitectura aymaras son por tanto, una expresión más del proceso socio político, en el cual las nuevas clases medias y la nueva burguesía india se manifiestan con su propia estética en el  barroco-andino, que supera toda ficción estética o compositiva. cuando pregunté a un chofer aymara cómo se producía esta arquitectura, de manera simple pero al mismo tiempo profunda me respondió “usted métase debajo de un tejido  indigena y estoy seguro que producirá esta arquitectura….” bella metáfora y receta creativa……..

muy pocos de los edificios de “el alto” están concluidos, y los que ya  lo están, siempre dejan sus culatas laterales y frente posterior sin revoque, en ladrillo visto, en un gesto por el cual el pragmatismo económico termina convirtiéndose en mensaje urbano y cultural. pero eso sí, todos los esfuerzos económicos y de diseño se ponen en la imagen hacia la calle, hacia los otros. ya no se trata de casos aislados, son cientos o quizá miles los edificios cuya fachada frontal es una especie de “tejido andino” que se convierte en una nueva tendencia arquitectónica cuyo denominativo más fiel considero debe ser el de: “barroco andino”, que ya es parte del tejido urbano y  arquitectónico de la ciudad de “el alto” y de otros pueblos y ciudades de la región andina, con expresiones quizá más tibias pero en la misma línea. el derroche de color, diseño, formas, texturas y grafismos incorporados al diseño de la fachada frontal de estas edificaciones, así como el remate con un chalet de techos muy inclinados sobre el edificio y el recurrente uso de vidrios reflejantes color azul, verde, rosado o espejo, nos llevan a una constatación: estamos frente a una nueva tendencia arquitectónica que está siendo asumida por miles de familias indígenas y mestizas como parte de su expresión cultural e identidad étnica. es la tercera piel de esta nueva generación de indígenas andinos….(si todos nacemos con la primera y nuestra vestimenta es la segunda).

otra importante característica del uso del suelo en el Alto es la ocupación comercial del espacio público, tanto de las aceras como de parte de las calzadas, con puestos que pertenecen al mismo propietario del edificio quien tiene un local en planta baja y lo “extiende naturalmente” hacia el espacio público. todo esto cumpliendo reglas y protocolos validados por las organizaciones, los vecinos y las autoridades de la municipalidad de “el alto”, la que desde hace ya varias décadas logró independizarse  administrativa y financieramente de la de la ciudad de la paz, porque sin duda esta ya es otra ciudad:  la ciudad aymara y de los aymaras…..a cuatro mil metros de estatura sobre el nivel del mar.

si habría que sintetizar  esta maravillosa experiencia en El Alto, lo pertinente es decir:

ciudad de la esperanza en la cual todos mis supuestos quedaron abajo o por debajo de la enorme estatura de sus habitantes, de sus ritos, de su vorágine productiva, de su resistencia creativa, de su austero y diverso modo de existir…..el barroco andino

handel guayasamin, arq.

07/04/2017

*challar, rito de agradecimiento y bendición para la familia, la casa, el trabajo
*alasitas, fiesta y feria en la que el mundo real se reduce, con miles de mini-objetos que son bendecidos y que, al regalarse generan fortuna a quien los recibe.
*ekeko, personaje principal de la feria de alasitas, dios de la fortuna para los pueblos aymaras y quechuas.

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